sábado, 9 de octubre de 2010

Despedida.

Este blog y su autor, llegaron hasta aquí, mi más profundo agradecimiento a todos los que me soportaron, me leyeron y comentaron; a mis pocos pero fieles seguidores: disculpas y nos veremos pronto o dicho (escrito) mejor aún, sabrán de mí.

La despedida es causada por mis ganas de querer ser, si no un buen escritor, al menos uno no tan chapucero, es por ello que mi nueva ocupación, además de trabajar (maldita sea), será la de leer más, practicar aún más e inscribirme en cuanto taller de redacción o creación literaria encuentre en el camino, esto último más para sentirme bien conmigo mismo que para aprender en sí, ya que considero que nadie te puede enseñar a escribir, escribir es algo que nace con uno y que se va moldeando con arduas horas de práctica y lectura.

Este último post, al cual no haré publicidad alguna, quiero compartirlo con las personas que ingresen a este blog interesadas por encontrar una nueva entrada, a ellos, a ustedes, osea a mi mamá y a mi novia, mis eternas gracias por hacerme creer por instantes durante estos diez meses, que empecé a ser un escritor, prometo no defraudar, al menos voy a intentarlo y sabrán de mí. Sigo escribiendo mi novela, crucen los dedos para que alguien la publique, un gran abrazo a todos y…el endriago no ha muerto, solo descansa para dar paso a su hermano, “Crónica de un Suicidio”, pronto (si Dios quiere y las editoriales no piensan que es un mamarracho) en las mejores librerías.

viernes, 3 de septiembre de 2010

La vida después de ti - II

Bajó del taxi y caminó a través de la plaza, veía con amarga nostalgia los bares y restaurantes que le fueron tan lejanos en su adolescencia en la que a duras penas, con algo de suerte y mucho sacrificio, llevaba cinco soles en los bolsillos como presupuesto diario, diez los fines de semana dejando de almorzar un par de dias y a veces hasta quince soles haciendo a pie el camino de la universidad a su casa; cinco soles diarios con los que, a pesar de todo y emulando el milagro de los panes y los peces, siempre alcanzó para aparecer con sonrisa de payaso por la puerta del salón de Diana con un Sublime en la mano.

Tan ensimismado iba en sus recuerdos que al cruzar la pista, ni siquiera sintió el chirriar del auto que casi lo atropella, ¡huevón de mierda!, le gritaron, Orlando, abstraído por completo del momento y con gesto indiferente, asintió con la cabeza en señal de total acuerdo. Siguió su camino, aguzando más la vista en cada paso, como tratando de encontrar a Diana en alguna de las tantas caras que tenía a mano, de pronto y en un ramalazo de lucidez, se sintió absurdo, como carajo pensaba encontrarla en una ciudad tan grande como Lima en la que habían ocho millones de personas y probablemente, cientos de Dianas Temoche en la guía telefónica, y esto último, en caso tuviera una línea a su nombre.

Haciendo cuentas, recién llegado de Buenos Aires, y sin alguien que supiera de su presencia en Lima además, estaba real y fatálmente jodido, sería imposible encontrarla, al menos por hoy.

Recuperada la sensatez y una vez salido del marasmo en que lo mantuvo su andar vehemente, sintió, por fin, el aire frío golpeándole los ojos, decidió ir por un café, subió el cuello de su camisa para emprender la marcha y al bajar la cabeza, como emergiendo del pasado, aparecieron ante sus ojos los escalones aún alfombrados de verde del bar “Santos”, antiguos, lejanos pero presentes, como el recuerdo de los tantos besos que compartió con Diana en aquel mismo lugar, jamás cruzaron el umbral de la puerta, por eso del presupuesto ajustado, pero, cuánta melancolía habitaba aún en aquellos escalones.

Esa misma melancolía le impidió entrar, era demasiado para una noche, no poder encontrarla pero sí recordarla en todos lados, a cada paso que daba, le pareció un poco mucho. Un vodka, necesitaba un vodka, igual al del hotel, mejor dos o los que vengan, ya que importaba, su lucidez lo acosaba, lo acorralaba con recuerdos, era suficiente, sería mejor adormecer la conciencia en un mar de licor antes que seguir así, recordando (y con tanto amor) a quien lo dejó, a la que no le importó dejarlo hecho mierda, quería odiarla, al menos por esta noche, sabía que mañana al despertar seguiría buscándola, hasta encontrarla y preguntarle porqué, para decirle que la amaba, que ahora si, ahora si Diana, amor de mi vida, podemos entrar no solo a este bar, si no a todos los del mundo, al cielo si asi lo quieres, contigo hasta el infierno voy si me lo pides Diana, niña de cabello hermoso, Diana, mi Diana.

Quitó bruscamente los ojos de los escalones, guiando sus pasos en dirección opuesta, con rumbo al bar “Picas”, ahí no habría un puto recuerdo, muy por el contrario, sería el lugar perfecto para odiarla por una noche, al menos por esa noche y si era en brazos de otra mujer, mejor, el odio sería mayor al despertar de madrugada, en algun hotel de Lima, sudoroso y con un cuerpo que, ¡maldita sea!, no será el tuyo Diana, no será tu cuerpo Diana, el que jamás dejaste que sintiera, empiezo a odiarte amor de mi vida, pero sólo por esta noche, te juro que solo por esta noche....CONTINUARÁ

lunes, 30 de agosto de 2010

Las siete palabras, desde mi propia cruz.

En mis ratos más aciagos (abrumado por esa seguidilla ruín de días de la semana infinitos (por laborables y madrugadores) en que me ví envuelto, sin opción a reclamo, hace poco más de seis años, cuando pasé a formar parte de la orgullosa y pundonorosa (¿?) masa laboral peruana), y en momentos en los cuales, las ganas me abandonan dejándose ganar terreno por el aburrimiento, la desidia y el desgano, (digamos, como a las ocho y media de la mañana de todos los lunes a viernes) viendo a mi lado, la vida pasar, encerrado en una oficina de dos por medio (literal y metafóricamente), lo primero que se pone en el tambor de revólver en que se convierte mi lengua, como una bala afilada apuntando al cielo, ansiosa por dispararse en busca de una respuesta, es la cuarta frase dicha por Jesús en la cruz: “Dios mío, ¿porqué me has abandonado?.

En medio de aquel desmadre mañanero, metafísico, religioso, existencial, y sin nada que hacer por ser un lunes de esos casi felices en los que no hay chamba acumulada, la conexión a internet de la oficina es impoluta y la vocación de cronista (obviamente frustrado) se mezclan con la frase de Cristo, nuestro señor, es que termino envuelto en la creación de un post que quizá para algunos sea una blasfemia, una falta de respeto o simplemente una mierda mal escrita, pero que a mi, me servirá como catarsis, como terapia o, mejor aún, como escudo de protección ante la mirada de mi jefe (pensará por mi gesto circunspecto mirando el monitor y tecleando fervorosamente (sin imaginar siquiera mi verdadero propósito: googlear las siete palabras de Jesús en la cruz y el orígen de la palabra trabajo en horas también de trabajo, además), que me desvivo redactando algún informe).

TRABAJO: etimológicamente deriva de la palabra tripalĭum (tres palos), tipo de tortura medieval de cuyo nombre en latín se extendió el verbo tripaliāre como sinónimo de torturar o torturarse, palabra que posteriormente mutó en el castellano arcaico a trebejare ya con el significado de esfuerzo, de la que años después surgió la palabra trabajar como sinónimo de laborar.

Reconociendo todos, el calvario de Jesús en la cruz como una tortura y sabiendo ahora, que etimológicamente la palabra trabajo le debe su orígen al nombre (también) de una tortura, es que recuerdo mi frase en forma de bala afilada de las ocho y media de la mañana como una asombrosa coincidencia, la cual emplearé como punto de partida para hacer un paralelo entre mi agonía en un dia de trabajo cualquiera y la agonía de Jesús en la cruz. Con el perdón de los cristianos.

1) Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen : esta primera frase es aplicable en todo el sentido que darse pueda, en el sector público, en el que lamentáblemente trabajo y en el que nadie tiene la más puta idea de porqué está, ni de qué hacer, y si lo saben, no lo hacen notar, no merecen perdón, pero bueno, por bondad cristiana, Padre…ya tu sabes.

2) Hoy estarás conmigo en el Paraíso : es la promesa que le escucho al tic tac de mi reloj cuándo está por marcar la hora de salida, el paraíso es mi cama y en agradeciemineto por no marchar tan lento, llegando a casa, arropo mi humilde Casio, con su franelita de Hiraoka, bajo mi almohada. A golpe de diez de la noche, somos paraíso.

3) He aquí a tu hijo: he aquí a tu Madre : Llegando a casa y hablándome a mi mismo, me presento a mi propia madre, quien me espera en casa con el resumen de las novelas (que no puedo ver por andar de idiota trabajando) y con una sopa a la minuta calientita, haciéndome olvidar el martirio del dia a dia. Te quiero má.

4) Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? : A mí, que me bauticé de niño y sin que me lo preguntaran siquiera, a mi, que hice la primera comunión con quema de pecados y todo, a mi que estudié en colegio de curas, que fui boy scout y canté en el coro de la iglesia frente a mi casa, a mi que actué de Mateo en semana santa y aguanté que me hicieran el lavado de pies frente a cientos de viejas morbosas, a mi, a tu hijo que no toma, no fuma ni baila pegadito, ¿por qué me has abandonado?, y aquí todavía, en el sector público.

5) Tengo sed : para ser sincero, esta frase viene a mí sólo los fines de mes cuando ni siquiera puedo pararme al comedor de la oficina a tomar un té, debido a la cantidad de trabajo acumulado y para ahorrar en idas al baño además, realmente, son días de mucha sed.

6) Todo está consumado : ésta también es de fin de mes, cuando comparo el sueldo con los pagos de tarjetas de crédito, dando como resultado un número negativo. Todo está consumado y también consumido.

7) Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu : ésta de aquí, es mera consecuencia de la anterior y con la cual, ya tengo podrido a mi viejo. Rumbo a su habitación, para pedirle un préstamo de hombre a hombre, voy carraspeando para endulzar la voz y practicando el gesto, pongo cara de hijo niño y repito en tono consternado y melancólico la letanía de todos los meses: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu, que si no, todos los bancos del Perú vendrán a empapelarte la puerta.

sábado, 28 de agosto de 2010

La vida después de ti - I

La luz del día desvanecía de a pocos, dándole paso a la luz débil y amarilla de los postes. De pie frente a la ventana de la habitación, Orlando agita impacientemente un vaso de vodka, intentando en vano reconocer algo en esas calles, repletas de siluetas presurosas caminando la noche, que lo ayude a no sentirse un extraño dentro de su propia ciudad. Volvía a Lima luego de diez años, los recuerdos se agolpaban desordenadamente y sin mucha forma en su memoria, de las casas del barrio y de la gente que las habitaba, quedaba nada, edificios, solo edificios y gente nueva por donde enfilara la mirada, en general, como notó en el camino desde el aeropuerto, la ciudad entera había cambiado, sería más difícil encontrar lo que venía a buscar.

Dejando atrás una vida exitosa en Buenos Aires, Orlando volvió a Lima por respuestas, intentando cerrar el pasado que le robó la paz todo este tiempo; hace diez años, en esa misma calle, en donde hoy se yergue imponente el edificio del hotel desde donde observa su antiguo barrio, fue víctima de desamor y olvido, de un: “no te quiero más”, que lo sumió en la más absoluta y putísima pena que darse pueda, con el atenuante de no saber jamás si esto, a pesar de la vorágine de llanto, rabia y confusión en que lo envolvió, fue lo mejor. La vida le había mostrado los dientes en amplia sonrisa, ahora, a diferencia de hace diez años, tenía todo lo que juró conseguir, en plan de demostrarle al mundo y sobretodo a Diana, su ex - novia, de lo que era capaz, más por orgullo herido que por convicción: una carrera exitosa, prestigio, dinero y reconocimiento.

A pesar de ello Orlando, religiosamente a lo largo de todo este tiempo, al caer la noche en su departamento de Puerto Madero en Buenos Aires, jamás dejó de repetir en su cabeza, la escena final de su última y más preciada historia de amor, el instante en el que Diana, sin más explicación que un adiós frío y artero, lo dejó parado con la pena a cuestas, justo ahí, en esa vereda a la que ahora desde la ventana del hotel le clavaba la mirada como buscando algún resquicio de aquel momento, alguna pista de lo ocurrido, algo que le ayudara a comprender lo que sucedió, porqué se había marchado, porqué lo abandonó.

El último sorbo de vodka le quemó las entrañas, un ímpetu extraño le recorrió el cuerpo, la ligera inconciencia que le daba el trago, lo iba empujando de a pocos a empezar su misión, había llegado el momento, a pesar de no tener la más puñetera idea de por donde empezar, decidió salir a buscarla, si algo conocía a Diana, sabría dónde encontrarla, eran solo diez años, total, que tanto puede cambiar la vida en diez años, se repetía como arengándose las ganas, sin caer en cuenta que su propia historia giró ciento ochenta grados en solo diez años, que Lima se había transfomado en una ciudad distinta a la que el dejó en aquel mismo lapso, pero ese valor irresponsable que dá la bebida, sobretodo cuando no se está acostumbrado a ella, le gritaba desde el fondo de su ser, que debía empezar, la vida le debía una explicación y él no daría un paso fuera de esta puta ciudad sin recibirla.

Una vez fuera del hotel, notó que la niebla era más tupida de lo que parecía desde la ventana del sétimo piso, el frío congelaba hasta los huesos, dudó un instante si era conveniente traer algo con que abrigarse, quizá lo necesitaría, era invierno y ya no estaba en Buenos Aires, estaba en Lima, la húmeda, fría y ahora desconocida Lima. Detuvo un taxi, al que subió sin negociar el destino ni la tarifa (en Lima se negocia hasta el asiento en el que se viajará), olvidando nuevamente que ya no estaba en Buenos Aires, donde el taxímetro, bendito taxímetro, te ahorra todo tipo de líos con los hombres de autos amarillos.

Ya en el vehículo, el reclamo del chofer por su forma intempestiva de abordar, le hizo volver inmediatamente y de golpe, a su actual ubicación geográfica: Lima, no más Buenos Aires, maldita sea. Luego de las disculpas de rigor, Orlando pidió ser llevado hasta la Plaza de Armas de Barranco, quince soles (espetó el chofer, con gesto de granuja redomado), ya sin ánimos de regatear y mucho menos de congelarse el culo esperando otro taxi, Orlando asintió con la cabeza a pesar de ser conciente de los casi diez soles de más que pagaría, por veinte cuadras de recorrido.

Orlando tenía un plan de búsqueda, incluso desde antes de salir de Buenos Aires, sabía bien que fichas mover para encontrar a Diana, o al menos eso creyó, sin haber calculado lo peor, ya nadie del barrio seguia dónde el los había dejado. Las plantas tienen raíces, los humanos pies, pensaba mientras revisaba sus gestos en el espejo retrovisor del auto.
...CONTINUARÁ

martes, 17 de agosto de 2010

La teoría de los rostros.

Un poco de tiempo libre, me hizo dudar al ver diversos tipos de rostros, si el que llevamos con nosotros a lo largo de los años, sobre el cuello, nos viene así por defecto o se transforma con el tiempo, a punta de vivencias, gestos y experiencias, dando como resultado la cara que cargamos indefectiblemente de los veintitantos para adelante, edad aproximada (decisión arbitraria del autor de este mamotreto) en que nuestras facciones se establecen en forma definitiva, con inexorables variantes cronológicas, rumbo a la ancianidad.
Pensé en ello, inmediatamente después de ver a un tipo (empleado público (¡aj!) y sindicalista, además (triple ¡aj!)), cuyo rostro me transmitía sinverguenzura, conchudez de la mala, ignorancia, pero no esa ignorancia que todos tenemos en algún momento respecto de algo, si no, de la peor de todas, de la atrevida, de la que no sabiendo, le importa medio carajo aprender. Debía lo antes posible, resolver esta duda, que ya empezaba a quemar en el pecho, como toda cosa ignorada e inconclusa: ¿las caras son de nacimiento o se hacen con el tiempo?.
Luego de mi, quizá, ociosa apreciación, llevé adelante una mini encuesta (más ociosa aún), entre algunos amigos, que iba así: A la pregunta: Usted considera que el rostro que tenemos es consecuencia de: a) Nacimiento, b) Acumulación de experiencias ó c) Ninguna de las anteriores; obteniendo tras quince encuestados y media hora de trabajo, una rotunda victoria de la opción c), con trece votos a favor y dos carajo, huevadas preguntas, seguro es para tu blog (los cuales asumí como votos viciados), quedándome más intrigado, aún, que cuando empezé mi desvarío, pero ahora, seguro de la necesidad de cambiar algunos amigos.
Tratando de apuntalar una teoría válida, respecto al orígen y/o aparición en el tiempo de los diferentes tipos de rostros (gestos, sería un término más apropiado), y abrumado por los resultados poco auspiciosos de mi encuesta a boca de urna, pensé en los recién nacidos, en los bebés y en los niños, no encontrando en sus caras, alguna señal que denote siquiera una mínima dosis de cinismo, maldad o conchudez en sus almas; fue entonces que, contraponiendo al malbicho empleado público y sindicalista, además (motivo de mi afiebrada teoría sobre la cronología de los gestos) con los niños, llegué a una primera conclusión: así como todos nacemos inocentes, gorditos y tiernos, y el tiempo y la vida se encargan de convertirnos en lo que somos (iguales o peores (nunca se es mejor que un niño)), sucede exactamente lo mismo con los rostros que llevamos puestos, cambian junto a nosotros, y no solo se avejentan, y se resecan hasta agrietarse, sino también, cambian con nuestras actitudes (las buenas, las malas y las estúpidas), cambian hasta hacernos tomar la apariencia de una persona tímida, extrovertida, graciosa, aburrida, despierta, acojudada, inteligente, estúpida, virtuosa, defectuosa, buena gente, conchuda o demás, de acuerdo a como nos vaya en esta feria del Señor.
Dentro de todo este relajo, hueveo, ociosidad, pérdida de tiempo o como se le pueda llamar a mi intento por crear una teoría del porqué cada uno de nosotros tiene un letrero en el rostro que indica a grandes rasgos, y sin márgen de error (en muchísimos casos), el carácter por el que se nos reconoce, recordé a mi adorado Wilde y a su amado Dorian Gray, y como éste, siendo el personaje de una novela de ficción, representa mejor que nadie, la naturaleza humana, la transformación del rostro de acuerdo a nuestros actos y al paso del tiempo.
Probablemente, el empleado público y sindicalista de mierda, además, tuvo en algún momento de su infancia, una cara limpia, una cara buena, la que su propio entorno y posteriores actos y decisiones fueron transformando, hasta adoptar aquel destello a leguas de conchudo y coimero a la vela.
Duda despejada.

viernes, 13 de agosto de 2010

Soltero (in)maduro en el "País de Nunca Jamás".

Tengo una sensación extraña, empiezo a sentirme un solterón maduro, a mis veintiocho junios (abriles me suena cursi), mas no un maricón seguro, y es que sucede lo siguiente: en los últimos seis meses he recibido cuatro partes de matrimonio, igual cantidad de invitaciones a baby showers, tengo las tarjetas de crédito repletas de stickers de “novios puntos”, un amigo en la oficina espera en estos días el nacimiento de su nueva hija (ya lleva dos), algunos otros hablan, con preocupación y anhelo, de los colegios en los que inscribirán a sus hijos el año que viene, sufren las primeras fiebres nocturnas de sus primogénitos, llevan los ojos enmarcados por ojeras gigantescas que delatan la noche de biberones y pañales que vivieron (sobrevivieron, diría yo), me arrinconan, me asustan , me intimidan, me cuestionan, ¿tú, para cuándo? y yo, fuerte y claro: en diez años, y casi susurrando: quizá.

Y, no es que no adore a los niños, los amo, y el sentimiento (creo), es mutuo; amo a los sobrinos de mi novia, a sus primitos, a los míos también, a los hijos de mis amigos, a mis vecinitos, a los que me sonríen en la cola del supermercado, a los que me miran intrigados en los buses, desde la seguridad que dá el hombro de una madre (me los gano con una mueca infalible, la del labio pegado en la nariz y la cara más estúpida que de costumbre), y ellos me aman también, o al menos ríen, no sé si conmigo o de mí, pero a esa edad, dá igual.

No le huyo a los niños, por el contrario, sufro del síndrome de Peter Pan; aún más, si no fuera tan mal y sospechosamente visto el que un hombre se dedique a ciertos menesteres, hubiera sido profesor de educación inicial y anduviera feliz de la vida, a la cabeza de un salón de “pollitos”, “ardillas”, o “conejitos”, convirtiéndolo en mi propio “País de Nunca Jamás”, con espadas, ideas felices y todo. Adoro a los niños, pero exijo solo una pequeña condición, mínima, ínfima, casi imperceptible, que sean ajenos.

Siento que es cruel traer un niño a este planeta hostil, descorazonadamente competitivo, vulgar, vacío de sensibilidad e inteligencia y tan lleno de gente; es por ello que mi misión (autoimpuesta) por el momento o hasta que mi novia diga lo contrario (ya sabemos que las chicas son dueñas y señoras, hasta de las decisiones de uno), conminándome a formar la soñada familia y a dirigir mis afectos mayoritariamente a los hijos propios, es la de hacer felices (en plan Ronald Mc Donald o Patch Adams), a todos los niños que conozca.

Aunque, en el fondo, y pensándolo mejor, luego de cuatro párrafos escudándome en la inmadurez y en la celebración de mi libertad, creo ciertamente ser, un buen papá pero frustrado; sin dejar de pensar en la crueldad de subir un pasajero más a este puto mundo, sé que al final terminaré cediendo a las intimidaciones de mi entorno y sobretodo al corazón de algodón de feria que me acompaña desde que nací, para unirme al club de las ojeras, con mis propios Wendy, John y Michael.

viernes, 6 de agosto de 2010

Rudo vs. Cursi.

Ser indiferente, es rentable sentimentalmente, las chicas prefieren a los chicos malos, el arte de la ausencia es, en el amor, el arte por excelencia, las chicas son como los gatos, si no las persigue un perro, corretean a una rata…añado en estas premisas además, a los chicos.

Me consta en muchos casos y andan por ahí, flotando en el ambiente, éstas y muchas otras aseveraciones con respecto a la preferencia amorosa por los tipos(as) rudos(as), insensibles, de esos(as) que hacen llorar.

En el camino rumbo al amor de tu vida, puedes cruzarte con tipos(as) de las calañas más bajas, de cataduras morales impropias, de perversiones indescifrables, con talento innato para hacer llorar a otros, y morir de amor por ellos(as), además, así como también, en este larguísimo camino, puedes hallar, al, o a la protagonista de telenovela más atento(a), romántico(a) y servicial del mundo entero y mandarlo derechito y sin escalas a la mismísima mierda, por pesado, adulón y cursi.

Es entonces, y luego de la devastadora ventaja porcentual y comprobada de los hijos(as) de mala madre sobre los(as) sensibles buena gente, donde surge la pregunta, ¿qué es lo que en verdad buscamos?, que nos amen, que nos maltraten, ¿nos aburre un amor tranquilo e impasible?, ¿preferimos la ansiedad y por lo tanto la incertidumbre (impredecibilidad le llaman) de un amor no correspondido o correspondido mal?.

La letra manoseada y aprendida de memoria generación tras generación reza: yo quiero alguien “diferente”, refiriéndonos con esto a una persona atenta, mimosa, sentimental y emotiva, la práctica nos demuestra que quizá la verdad sea otra, preferimos una persona “indiferente”, entendiendo por esto: un canalla hijo(a) de mil putas que nos haga llorar.

Queda abierto el debate.

jueves, 5 de agosto de 2010

Desde mi ventana.

Vivo frente a un pequeño parque al que desde hoy, lamentaré ver solo de noche (salgo de casa a golpe de seis de la mañana (en Lima, el cielo es gris siempre, pero más hasta las nueve o diez de la mañana), y regreso a casa golpeado, como a las ocho de la noche).

Escribo que lamentaré no verlo a la luz del día, porque lo que hoy, en obligatorio tiempo libre, trajo el pequeño parque, a golpe de paisajes, desde mi cada vez más fatigada memoria, fue sencillamente sublime.

El preciadísimo tiempo libre que me puso enfrente el destino, Dios, las lamias, Lucifer o a quien se lo deba (gracias por ello), en el que pude ver mi pequeño parque, gente pasar, hojas balanceándose al filo de los árboles, el cielo gris, el aire de húmeda y fresca tarde, la tímida llovizna…en fin, el olor a libertad, fue gracias a una oportuna y bendita gripe, que me cojió de forma repentina, obligándome (¿?) a quedar en casa (dos veces bendita la persona que me contagió).

Sin mayor misión que la de resguardarme del soso y húmedo frío limeño, asomé por la ventana, bloqueando cualquier resquicio de aire helado que pudiera colarse en mi habitación, captando por el rabillo del ojo, la imagen más común y tierna del mundo, que me hizo enfocar en ella completamente la mirada, deteniéndome extasiado a contemplarla, cual vecina chismosa y celestina, transportándome por arte de birlibirloque a mis dulces dieciséis, tiempo en el que el fin del mundo existía en forma de falta de amor.

El objeto de mi mirada nostálgica y atontada era una pareja de escolares, que sin más preocupación que la de prodigarse, mutuas caricias, besos y sonrisas, paseaban su felicidad despreocupada, por todas las bancas del parque, el que gustoso prestaba su paisaje como perfecta escenografía a ese amor primero que todos llevamos en el recuerdo.

Desaparecieron volteando la esquina, asidos fuertemente de las manos, con su amor en ese rato, eterno; momento en el que entró al pequeño parque (escenario de mis recuerdos), un muchacho de unos diecisiete años, despeinado, apurado y con libros en la mano, recordé esa cara, reconociendo inmediatamente en ella (hasta de ojos cerrados, reconocería aquella expresión), el fin del mundo a esa edad: el futuro académico, la etapa que puede hacer de ti, cruel y arbitrariamente, un éxito o un fracaso en la vida, el ingreso a la universidad.

Se esfumó tan rápido como la prisa que llevaba por llegar hacia donde corría, uno sabe de donde viene y quizá a donde va, pero jamás donde te llevará la vida, simplemente corría, lo importante a esa edad es que todos, te vean llegar.

Felizmente abrumado por tanto recuerdo junto, y justo hoy en que me detuve a ver el mundo, en mi pequeño parque, apareció un abuelo, caminando a paso lento y a duras penas, como tratando de alcanzar un sitio desde el cual apreciar el atardecer que ofrece el cielo de Lima a sus sufridos habitantes; al ver sus movimientos lentos, su torpe andar y su soledad, recordé al mio, mi abuelo, que debió andar así sus últimos días, no lo vi, se autoexilió de la familia, siempre dijo que sería mejor así.

Las luces de los postes, empezaron a encenderse, acabando con la magia del parque a la luz del día, dando pase a los amantes nocturnos, afiebrados e impetuosos, a los grupos de muchachos, amigos de la risotada y el bullicio, dando así por terminada mi vista al mundo desde mi ventana y en ochenta minutos; recordé a Quino, el genio detrás de la gran Mafalda, el dijo alguna vez (cito no textualmente, por lo de mi memoria fatigada): deberíamos nacer viejos, con el paso del tiempo hacernos jóvenes y morir de niños. Pensé lo mismo y cerré mi ventana.



miércoles, 4 de agosto de 2010

Bendita Valeriana.

No siendo millonario (malaya mi suerte, carajo), ni muchísimo menos, andar despierto, a las tres de la mañana, leyendo, escribiendo, corrigiendo lo escrito y echando a la basura casi todo lo hecho, puede ser visto como un acto de romanticismo irresponsable, el cual solo puede acarrear dos situaciones: 1) llegar tarde a la oficina en la que trabajo (malaya mi suerte, dos carajos) ó 2) pasar el día entero en estado comatoso, siendo éstas dos, por placenteras, situaciones superlativamente geniales.

Abriendo el abanico de mis posibilidades y no encontrando en él, ni sacudiéndolo como poto de vedette, el más puto atizbo de próxima renuncia laboral, por fortuna o golpe de suerte repentino, y traicionando a mis deseos y a la voz de mi vocación, y para salvarme del desempleo además, emprendí la búsqueda de algún método que ayude a mitigar mi falta de sueño en esas noches aciagas pero felices en las que voy haciéndome un camino pequeñito, discreto, ridículo, casi insignificante, rumbo a mi sueño de poder colocar en el espacio en blanco de los mil y un formularios que llenamos a lo largo de la vida: OCUPACIÓN: (al fín y con toda la concha del mundo) Escritor.

En esa búsqueda, aprendí de pastillas (benzodiasepina, trazodona, orfidal, rivotril, etc.), poses yoga (acroyoga, ashtanga yoga, hatha yoga, bikram yoga, etc.), brevajes, recetas ancestrales, emplastos de albahaca, girasol y otros menjunjes, ejercicios de respiración y de los de relajación también, rezos, oraciones, pactos y todo lo que un cerebro en ebullición a las tres de la mañana puede encontrar en internet para favorecer el sueño y…¡me lleva un carajo partido por la mitad!, nada sirvió.

Felizmente resignado a mi insomnio creativo (¿?), pasé largos meses disfrutando mi estancia al borde del despido laboral (por lo de las tardanzas y el estado comatoso casi diario), hasta que sucedió, como siempre (la sabiduría del pasado), conseguí la solución de boca de una viejecita, linda, sabia, Phd en ramas, tallos, raíces y todo lo que el suelo ofrezca, la tía (mi tía) Amandita.

- Tintura de valeriana hijito – recetó–, cincuenta gotitas en un tecito calientito, media horita antes de dormirte y ¡zas!, buenas noches los pastores, asunto arreglado.

Cuanta razón Amandita. Me reiniciaste al mundo del sueño perdido, en desmedro de mi insomnio creativo (lo único que realmente jode de dormir tan plácidamente), y, sin quererlo (aunque, permíteme una duda en tus deseos, por lo de tu Phd), me sumergiste en la adicción más placentera de la vida entera y a punta de bendita valeriana: dormir sin sobresaltos, escribiendo poseído, en mis ratos de oficina, por el insuflo reparador y creativo que me da la valeriana, que suena a marihuana, solo que mejor.


lunes, 2 de agosto de 2010

Cuando no estés.

Me sentaré en un parque a respirar las calles que harán que te recuerde tanto,
y además por siempre.
Buscaré en las tardes, la sonrisa tuya que hace olvidar al mundo,
el fracaso que soy,
sin ti a mi lado,
la mirada en que existía,
tus labios, que explican la vida, porque soy de donde tu estés.

Pintaré las playas del mundo con tu nombre, para ver si te alcanzo
o si tu me encuentras,
andando por callejas azules, nocturnas, lejanas,
a ojos cerrados, esquivando el recuerdo,
buscando en el mismo silencio,
la razón de tu partida, porque soy de donde tu estés.

Seguiré los vientos gélidos del norte,
ahogando la soledad en el llanto por tu ausencia,
robando a la memoria, cada plaza, cada aroma, cada herida,
en el recuerdo, porque soy de donde tu estés,
y para siempre.





miércoles, 28 de julio de 2010

Mis temores.

Cuando era niño, de solo pensar en estar solo, se me encogían los tanates (acepción mexicana, para referirse a los testículos, huevos o chololos, términos por comunes, ramplones, que prefiero no emplear), casi hasta la desaparición, era vital en ese entonces, para mi seguridad emocional, tanto como para la de mis esfínteres, estar rodeado de gente haciendo ruido para saberlos presentes, solo así era feliz, paranóicamente feliz.

Contrario a lo que me ocurre hoy, que he aprendido a valorar mi soledad (que no es lo mismo a estar solo), en aquellos días de infancia, el grito de batalla ¡¡¡MAMAAÁ EDIIIIITH!!!, y la aparición casi inmediata de mi máma con cucharón en la mano, ante el primer resquicio de abandono momentáneo al que me enfrentaba, eran mi escudo protector (casi tan efectivo como esconder mi esmirriada figura bajo una sábana, imaginándome dentro del Cubil Felino o el Salón de la Justicia) contra el gnomo que, estoy seguro y tengo pruebas, vivía bajo mi cama, esperando asirme de un piecito desnudo y distraído, para llevarme con él, y entregarme como ofrenda a las lamias.

Al crecer, junto a mis tanates (literal y metafóricamente), crecieron los miedos, mutaron, multiplicaron, se expandieron y complicaron, ya no eran solo la soledad y el gnomo bajo mi cama los que me atemorizaban, una tarde de julio y sin invitación, llegaron al festival de mis horrores, la oscuridad y la escuela.

Por esos días, vivía junto a mi familia en una casa muy grande (para un niño de cinco años como yo) en el límite de Magdalena y San isidro, frente al cuartel “San Martín”, con un jardín interior impresionántemente frondoso, tan bello como oscuro, esto último, le daba un aroma a bosque de "Sherwood", y yo no era precisamente Robin Hood, así que, a llorar al río, o a los brazos de mi máma, que eran (son) el mejor río para llorar, del mundo.

Corría el año ochentaiocho del siglo pasado, Lima era un Hanoi chiquito, los “coches bomba”, con la consecuente oscuridad, aterraban la ciudad, y a mi en particular, más que el ruido, me asustaba lo desconocido que ocultaba la oscuridad en sus entrañas (nunca he sido un aventurero ni mucho menos, siempre supe que nací para dormir y quizá llevar a cabo un trabajo de medio tiempo que pague las cuentas mientras me manifiesto con alguna forma de arte, por más poco talento que tenga para ello), sobretodo la oscuridad por venir con que amenaza el cielo limeño en invierno, a las cinco de la tarde, hora en que llegaba a casa después del frío e improductivo dia de escuela, atemorizado (como si no faltara con mis temores caseros) por curas de ceño fruncido y costumbres retorcidas.

Con más suerte que ganas, logré sobrevivir a mis temores de infancia, pero en actitud directamente proporcional, junto a mi y otra vez, crecieron mis tanates y otra vez también los miedos mutaron, multiplicaron, se expandieron y complicaron, ya no eran solo la soledad, el gnomo bajo mi cama, la oscuridad y la escuela (con curas incluídos), los que daban cuenta de mis temores más recurrentes, a estos se sumaron, y de la forma más cruel, las cucarachas grandes (las de las alas), las ratas, ratones y pericotitos, y la última y reciente adquisición en mi catálogo de miedos, el mar de noche.

Lo de las cucarachas, ratas, ratones y pericotitos es fácil de explicar, me causan repugnacia, (la que de alguna extraña manera es un sentimiento emparentado con el miedo), desde aquella vez que veraneando en casa de una tia, ahora muy lejana, tuve de compañeros de cuarto (vieja cochina) a todo tipo de bichos, entre roedores, rastreros y voladores, me tiemblan hasta los tanates de solo recordarlos; lo del mar de noche, lo entiendo como una variante sinérgica del miedo a estar solo y a la oscuridad, sumado al terror de ver una ola oscura y gigante cubriendo la ciudad, o a un camarón (primo hermano de la cucaracha) inmenso y beligerante, emergiendo entre las aguas para destruirlo todo.

Mis hermanos dicen que son cojudeces de hijo único hasta los seis años, quizá tengan razón, pero yo sé que: el estar solo, el gnomo bajo la cama, la oscuridad, la escuela, las cucarachas grandes, las ratas, ratones, pericotitos y el mar de noche, si bien hasta hoy no han actuado directamente en mi contra, son sospechosos (culpables diría yo), de los ruídos, rozamientos a oscuras (parecidos a una colita en los tobillos), y demás situaciones extrañas que me ocurrieron en estos veintiocho años.

Gracias a dios y a la dueña del edificio en el que vivo (aún con mi familia), se encuentra en alquiler el departamento de abajo, el 204, y como el reloj cronológico me exige independencia, no encontré mejor solución que ocuparlo, para que de esta forma, mi grito de guerra, de cuando era niño, pueda ser escuchado, y aparezca mi máma como en los viejos tiempos con el cucharón en la mano, uno nunca sabe.

martes, 27 de julio de 2010

A mi amiga Mikela.


He vivido poco pero lo suficiente como para saber que nunca conoceré una persona tan pegada a sus sueños y tan feliz de estarlo como Mikela, una mujer de veintinueve años, un metro cincuentaitantos de estatura física y tres metros de la que en verdad te hace grande, ojos profundos como sus convicciones, labios sabios y delgados, y una historia hermosa, por extraña.

Íbamos al mismo curso, siempre alejada, distraída y en silencio, repasaba el salón con mirada traviesa e infinitas veces más inteligente que todas las miradas del mundo juntas, no por callada menos precisa, ni por distraída menos aguda en su forma de entenderlo todo, absolutamente todo, desde la última novela de Ruiz Safón (su autor favorito), pasando por los vaivenes de la economía mundial, hasta aterrizar de sopetón con carcajada incluída y sólo para los amigos (carcajeaba tan sonora y melodiosamente solo para los amigos), en el último escándalo del “gringo” Karl y “Flor de Huaraz”, con “Shaguimán” incluído.

De ella aprendí que el Parque Central de Miraflores, el “Keneddy”, es residencia de cientos de gatos, de incontables razas y tamaños, los que son dueños de una pequeña ciudad detrás de la iglesia, que ayudó a colonizar.

Cada miércoles y cuando puede en la semana, pero obligatoriamente cada miércoles, llueve o truene, Mikela pasea por los alrededores del parque, dejando en cada recoveco, vasijas de agua con vitaminas, trozos de atún, comida especial y balanceada para gatos, y toda cantidad de adminículos inimaginables con que consentir a sus protegidos.

Por ella, conocí a Mechita, una linda señora (una especie de Mikela del futuro), risueña, inteligentísima, bondadosa como tres hermanas de la caridad juntas. Aún recuerdo aquella primera expedición en la que mi gran amiga Mikela me enseñó el lado que yo desconocía o simplemente miraba de soslayo, por idiota e ignorante, como si de locos se tratase, el lado en el que coexisten gatos y humanos en una rara cofradía que los hace felices, dando y recibiendo “ad infinitum”, cofradía en la que Mechita es reina y Mikela, princesa heredera.

Mikela me enseñó “La Noche”, Barranco y Mar de Copas, y que en “La Noche”, toca mejor Mar de Copas, me enseñó Charly, Fito y Argentina, me demostró infinidad de veces que el silencio es sabio, que la música cura todo, incluso más que el tiempo, me enseñó a odiar el trabajo, los lunes y la cronología del éxito, a aborrecer a Deepak Chopra, Og Mandino y Paulo Coelho, la trinidad tetuda como les dice.

Me demostró que la amistad fraterna entre hombres y mujeres existe y es muy buena, que el pelear por lo que quieres no es talento exclusivo de Forest Gump, que el té con café sabe a gloria y que un vaso de emoliente en mañana de invierno, pero sin alfalfa, es manjar divino, me enseñó a perder la fe en los que aún la tienen, esperanza sinverguenza y convenida que le decía, y yo aprendí, pero jamás como ella.

Quizá este post no tenga un solo comentario, ni me sirva para ganar el concurso, pero Mikela parte el mes que viene rumbo a Francia, y yo le prometí una novela, un personaje basado en ella, por lo pronto (perdón por la procastinación) y con todo el cariño del mundo, te regalo un post, para que lo leas cuando estés lejos y quieras un poco de gatos y de amigos peruanos, buen viaje Mikelita, nos vemos en “La Noche”, cuando vuelvas, SAY NO MORE.

jueves, 22 de julio de 2010

Ensayo sobre la rutina.


El reloj rondaba las seis de la mañana, un olor adormecido se asomaba en la ciudad; de manera ilógica, esto, lo había despertado, el aroma a sueño, el hedor a parsimonia; al abrir los ojos, sintió el ambiente enrarecido, ese amanecer era distinto a los anteriores, intentó ponerse en pie, un frío extraño le inundó el cuerpo, trastabilló el paso hasta conseguir mirar por la ventana, su curiosidad pudo más que el temblor en sus facciones, temblor de hielo, de miedo.

El departamento que ocupaba en el centro de Lima, tenía una vista privilegiada de lo que ocurría en el diario andar de los oficinistas de la zona, desde su lugar, Facundo alcanzó a ver una nube gris en pleno cielo de verano, cubriendo el paso de los transeúntes, expandiéndose y borrando gestos en su marcha, ennadeciendo rostros, la nube (o la sombra, como después reconocería), avanzaba a paso ligero, como ansiosa por devorar todo lo que tuviera por delante, dejando una estela de desasosiego, cubriendo más y más espacio de aquel pedazo de ciudad.

Detuvo su mirada, como congelándola, en un hecho que le pareció ilusorio, aún más extraño, la nube detenía su marcha solo sobre cabezas adultas, sobre los de saco y corbata, de los absortos en sus pensamientos, a esos, a esos les robaba hasta el brillo de los ojos, los dejaba inertes, sin expresión, sin hálito de vida, pero vivos, doble sufrimiento.

Facundo, contemplaba ensimismado esa especie de marcha fúnebre, de la que niños y algunos adultos salían librados, sin siquiera darse cuenta de la presencia de la misma, ¿por qué?, ¿de dónde salió?, ¿qué significa?, ¿qué está pasando?, eran demasiadas preguntas sin respuesta para una mañana que debió ser como cualquier otra.

Algo aún más extraño ocurría, al parecer, solo Facundo era capaz, desde su ventana, de ver la nube-sombra, que cubría cada vez más a determinadas personas, robándoles el alma, de no ser así, no se explicaba como nadie allá abajo, reaccionaba con terror, con asombro, ni siquiera con violencia, ante una situación tan impactante, era como si estuvieran acostumbrados a eso, a que les roben la vida, como si lo que les sucedía fuera tan familiar como un beso de abuela.

Alrededor de las ocho de la mañana, el olor adormecido se fue desvaneciendo, del aroma a sueño quedaba poco, del hedor a parsimonia, nada, la nube-sombra había desaparecido, Facundo la vió cruzar por cada una de las puertas de las oficinas que rodeaban el edificio en que se hallaba su departamento, la calle quedó limpia, clara, llena de luz y sonrisas de niños y algunos adultos, Facundo pensó para sí, que la nube-sombra se formaba sobre las cabezas de las personas que usaban saco y corbata, de los que trabajaban a morir, encerrados entre cuatro paredes, de los que dejaron de jugar, de los que olvidaron sus sueños, de los que dejaron de ser niños y se dejaron robar la vida y la sonrisa, por la nube-sombra del diario y rutinario andar.

lunes, 19 de julio de 2010

Antes de saltar.

Miró al vacío como a una puerta de salida que la invitaba al sueño, a un desvanecimiento feliz, sus ojos se perdían en el infinito, intercalando el horizonte con la profundidad del abismo que decidió, sería su próximo y último destino, recordó a su madre, las caricias que tanto bien le hicieron y que tan poco duraron, recordó poco, recordó mal, las lágrimas volvieron borroso todo buen recuerdo en su memoria.

Apretaba los puños como queriendo aferrarse al viento que empujaba su frágil cuerpo hacia el abismo, los pies no obedecían su orden de salto, el corazón latía a golpe de penas, la vida, la triste vida que le tocó, desde que su madre partió de este mundo, se le iba escapando de a pocos, con cada paso hacia adelante, con la proximidad de la nada, la tierra áspera y agrietada, treinta metros más abajo, la esperaba, llamándola con voz suave a terminar entre sus brazos, polvo eres y en polvo te convertirás, recordaba Carmen, en el fondo, buscaba cambiar su historia, no quería morir, pero la vida, la triste vida…la obligó a llegar hasta ahí, total, solo sería cambiar de muerte, la muerte física le daría descanso a su alma muerta por tristeza crónica.

La ciudad empezaba a encenderse a sus espaldas, la tierra rompía sus formas bajo las plantas de sus pies, la mente iba desvaneciendo, y los recuerdos tristes se apoderaban del poco aliento de vida que la mantenía sin dar el paso decisivo al vacío.

La brisa del mar se mezclaba con lágrimas que le herían las mejillas, los ojos brumosos giraban buscando consuelo en el horizonte, estaba decidido, era el momento, la vida no fue justa (¿lo es alguna vez?), no habían segundas oportunidades, menos para ella, arrastró la punta de los pies, tanteando el espacio que le quedaba de vida, sintió el abismo entre las piernas, empezó el camino, fue largo, como de una vida entera, eran las seis de una tarde de invierno en Lima, una vida se esfumó en un acantilado cualquiera.

sábado, 17 de julio de 2010

Frente al espejo.


Aquella madrugada, frente al espejo, viendo los ojos gastados que le enmarcaban el rostro, trató de buscar dentro de si, algún rastro, una pequeña señal de la niña altiva, hermosa y de cabello largo que habitó en ella hace no mucho tiempo, y, no encontró más que recuerdos.

A pesar de la vida que le tocó (o que buscó) y que jamás imaginó para ella, ese instante frente a sí misma, la llenó de nostalgia de la buena, se sintió invadida por un sentimiento del que ya no recordaba mucho, de algo parecido a la dicha.

Volvió la mirada diez años atrás, hasta el momento en que caminaba del brazo del mozo más deseado de la escuela, en medio de las miradas de admiración de los que en ese instante ella, consideraba su pueblo de humillada cerviz, y vaya que lo eran, y cómo la admiraban, era Valeria Rivera, la reina de todas las escuelas de Lima, la inalcanzable, la más bonita, quien estudiaría medicina y se casaría con un cirujano, quien tendría dos pequeños, un niño y una niña, rubios como el sol, por quien su marido, daría la vida, con casa en San Isidro y Cieneguilla, con la vida perfecta, con la historia soñada.

Recordando todas estas cosas, sonreía, era feliz, repetía con los ojos cerrados real y metafóricamente a su presente, los gestos y movimientos de aquella vez en la que fue coronada reina de la primavera por tercer año consecutivo, era Valeria Rivera, debía recordarlo, aunque sea un instante, para no morir de pena y de miseria.

Repetía su nombre incansablemente como tratando de convencerse de ser ella, aún, a pesar de todo. Valeria Rivera, Valeria Rivera, reina de la primavera, pero en lugar de curarla, cada letra de su nombre la hería aún más, recordándole que el tiempo no regresa, que la vida se vive solo una vez, que el destino no es reembolsable, y que somos víctimas del camino que elegimos.

A lo lejos, se dejaba oír el rumor de la mañana, se le iban esfumando los recuerdos, y su rostro se acentuaba más en el reflejo, poco a poco volvía a su presente, tan distinto a lo que jamás pensó.

El reloj marcaba las cinco, debía dejar de soñar con el pasado, y preparar el desayuno, hoy había comité de limpieza en el colegio de sus hijos, el 2032 de Cieneguilla, debía atravesar la ciudad entera, y despertar de su ensueño, la vida se encargó de volverla en Valeria Rivera, ex reina, ex promesa, madre y padre, y de darle una dicha distinta, ver crecer a sus hijos en el anonimato que da la vida humilde, una vida lejana.

lunes, 28 de junio de 2010

Retorno.

Ya no era necesario ponerse de puntitas para mirar a través del vidrio, pasaron quién sabe cuántos años desde su último día de escuela, y quién sabe cuántos más queriendo regresar; después de todo y sacando cuentas, fue el único lugar en el que fue feliz, y, hoy, despúes de tanto tiempo y de tantos golpes de la vida, estaba de vuelta, parado frente al mismo portón con vidrio roto que lo vió alejarse aquel último día de clases en busca de un futuro que no le llegó como esperaba.

A pesar de su aspecto extraño, nadie se inquietó ante su presencia, era como invisible por los años, por el tiempo que pasó, como una gran nada, como un agujero sin color ni misión sobre el planeta, un alma echada al olvido.

Siempre formó parte de los mohínos crónicos, de los inconformes, de los "Ícaros" que buscan cerca al sol, la felicidad que les es esquiva en la tierra, y que a pesar de los esfuerzos por esconderse en condición de árboles, dentro de un bosque, para que nadie los note, para no joder con su mundo propio, se pasan la vida buscando aprobación en las miradas; pero como toda condición extraña, la suya, solo tendría un final, la fama o la indiferencia.

Y fue así, que sumido en la más completa indiferencia, volvió a su portón, quién sabe cuántos años después, para tratar de encontrar un poquito de felicidad del pasado, en algún recuerdo ído, en alguna mirada que aprobara y le diera a través de la nostalgia, un poco del poco, pero tan entrañable calor de hogar que sintió en ese edificio ahora olvidado, como su propia vida, como su impasible muerte.

viernes, 25 de junio de 2010

Del año en que lloré dos veces.

Yo tenía ocho añitos y lloré, sin entender porqué, lloré, el llanto vino solito, un llanto raro, con bolita caliente en el pecho y no por golpe, corte, herida ni cocacho, si no de los que duelen más, un llanto de los del alma.

Diez de junio de mil novecientos noventa, flash a boca de urna, Fujimori sesentaidos por ciento, Vargas Llosa treintaiocho, el escritor de la primera novela que leí en mi vida, "La ciudad y los perros", no sería presidente, perdió, y ante un chinito chiquito, buena gente pero chiquito y no escritor, además.

Al ver el flash, sentí una opresión en la garganta que solo calmó, por decirlo de alguna manera, el llanto que vino luego, al ver llorar a mi abuela, los países merecen los gobernantes que tienen, y, a ti Varguitas, a ti, mi Varguitas, no te merecemos, hubieras nacido en España, carajo, sentenció, enjugándose las lágrimas, en uno de sus arranques recordatorios de abuelo español y con escudo, que te habrás creído, que le daba cada cierto tiempo.

Ocho de julio del mismo año, sobre el final del partido, penal a favor de Alemania, Brehme patea, Goycochea, el mejor arquero del mundo entero, se estira y no llega, gol alemán, Alemania campeón mundial, Argentina llora, Maradona llora y yo con ellos solo que más.

Aquel día, veía la tele con mamá (acotación previa y un poco extensa: nací en una familia sin Alianzas Limas, Us o Cristales, fui feliz, soy feliz y voy por la vida orgulloso de ello, así que estar viendo fútbol y con mi madre al lado, era ya una situación bastante extraña, pero justificada, debido a la fascinación que ejercía y ejerce aún, Diego Armando Maradona sobre mi mami, desde la vez aquella en que de novios con papá, fueron de viaje a Buenos Aires, a ver un Boca - River (pura moda y disfuerzo, ya que ninguno de los dos se explica hasta hoy, porque si los arqueros pueden tomar el balón con las manos, no aprovechan esa ventaja para atravesar la cancha y depositarlo en el arco contrario, de puro idiotas, dicen) y el "Pelusa", lanzó un beso a la tribuna, el cual, según mi madre fue dirigido y premeditado hacia su mejilla, quedó para siempre prendada del "pibe".), primero por adhesión a mi viejita, ese día mis gritos fueron albicelestes, pero con el transcurrir del encuentro, el hinchaje me salió solito, ya en los meses posteriores, conocí a Charly García, Fito, Calamaro (ya conocía a Cerati y su Soda Stereo) y mi nacionalización no oficial, fue total, pero esa es otra historia.

Luego del gol alemán, y al terminar el partido, lloré por segunda vez aquel año, por segunda vez con ese llanto de los del alma (de las otras formas había llorado bastante más), y con solo ocho añitos.

Al ver las lágrimas de Maradona y compañía, me hermané en dolor con un país campeón del mundo en el ochentaiseis y que hoy, cuatro años después y a punta de tener al mejor jugador del mundo entre sus filas, era el candidato de todos para revalidar su conquista, país al que con un gol tramposo y chapucero, le habían robado, como al Varguitas de mi abuela hace un mes atrás.

A partir de ese año y luego de tanto llanto de los del alma, decidí que sería escritor y que sería argentino, o mejor aún, un escritor argentino, como Borges, para que no me pasara lo del Varguitas de mi abuela, en un país que merecía a los gobernantes que tenía (¡dos veces Alan!, que paisito) y para reivindicar el llanto corajudo de todo un pueblo campeón del mundo en el ochentaiseis, cuna del mejor jugador también del mundo, y al que le robaron un mundial.

Yo tenía ocho añitos y lloré, sin entender porqué, lloré, el llanto vino solito, un llanto raro, con bolita caliente en el pecho y no por golpe, corte, herida ni cocacho, si no de los que duelen más, un llanto de los del alma.

sábado, 19 de junio de 2010

La muerte y la alegría.

Era el último recuerdo de su antigua vida, las medias de seda que usó su padre antes de morir, la última persona que lo ataba a esta casa, a este pueblo, el último eslabón de su tristeza, no estaba más.


Siempre le dolió ver a ese hombre tan arrogante, fuerte y autosuficiente, al que tanto admiraba, convertido por el paso de los años, ni siquiera en sombra de lo que algún día fue, condenado a una silla de ruedas y a un cuerpo que no contenía su ímpetu del pasado.

Quizá fue lo mejor que pudo pasar, siempre la muerte es incomprendida por el dolor que causa, pero algunas veces sirve para enderezar destinos, para volver las cosas al cauce natural, Dios tiene caminos extraños, decía su madre, y ahora, empacando sus cosas, contemplando el par de medias de seda, todo volvía a tener sentido, a pesar de la normal y justificada tristeza que lo embargó al morir su padre, el derrotero del futuro se tornaba claro, transparente, el hombre que tanto quería y por el que tanto sufrió hasta su muerte, hoy descansaba en paz, lejos de sus penas y limitaciones, y él, él, era libre.


Como todo en su vida, hasta esto le sucedió al revés, después de la calma, a él, le vino la tormenta, al morir su padre sintió sosiego, paz, tranquilidad, rozando peligrosamente con la alegría, su padre no sufriría más y él podría retomar su vida donde la había dejado desde la maldita enfermedad.

¿Soy una mala persona, si me alegro por una muerte, por la muerte de mi padre?, y fue con esa pregunta que le comenzó la tormenta, se autojuzgó y condenó, en cuestión de segundos por el delito de corazón frío a la pena máxima de encierro absoluto e indefinido, dentro de su propia casa, sin derecho a vida, a pan, agua, y recuerdos tristes, sí, así debía ser, un ser como yo, un deshecho humano, un infeliz que celebra la muerte de su propio padre, no merece más que el encierro y el desprecio.


Así terminó sus días, con la balanza inclinada en su contra en el juicio que él mismo se entabló contra el extraño dueto muerte-alegría, con el dilema de, si al causarle la muerte, alegría, él era un monstruo o simplemente un ser humano que podía empezar a vivir, luego de cuidar a su padre aún a costa de su propia vida.

viernes, 18 de junio de 2010

Ausencia feliz.

Tomó la mochila con la fortaleza que se gana a punta de golpes en la vida, era el primer acto de valentía en mucho tiempo, programó su canción favorita en el reproductor portátil y pretendió enderezar el destino, hacerle el trabajo al mismísimo Dios, como te confundiste conmigo viejito lindo.

No más semáforos de mierda a las seis de la tarde, ni nuevo día, de mierda también, a las seis de la mañana, si la vida es una sola y no hay opción a repetir para enmendar, me largo, bajo en la esquina, pensó, no me extrañen por la ausencia, recuérdenme por el dolor, dejó escrito en la pared de su habitación, siempre fue amante del drama barato y efectista, pero esta vez, esta vez, iba en serio, la vulgaridad del mundo terminó de llenarle el vaso, Fabián no soportaba un minuto más montado en el caballo salvaje en que se le volvió la vida, desde que empezó a dejar de lado sus sueños y por consiguiente su vida en aquel trabajo, para variar, de mierda.

De chico pensaba: si me pagan bien, que importa, limpio baños con la lengua, ja, que cojudez tan grande, y fue de grande que entendió el karma negativo que encerraban aquellas palabras, entendió que la libertad no tiene precio, que la vida sin hacer lo que te place, es una vida ni siquiera a medias sino a un cuarto, por eso, aquella tarde, tomó la mochila,y partió con su canción feliz en los oídos, con rumbo a cualquier parte, pero lejos, far from here, very,very far.

No dejó dicho dónde, ni si algún día volvería, pero además de la nota en la pared, dejó una sonrisa inmensa en el ambiente, una sonrisa de libertad, que sintieron todos los que luego entraron a su habitación, buscando noticias suyas, partió feliz, atinó a decir su madre, con sentimientos encontrados, de alegría por el hijo fugitivo, al fin, como el quería, y de pena por el hijo ausente.

Nadie lo lloró, al menos los que lo querían bien, sabían que donde estuviera, sería feliz, lejos de esta vida para la que no estuvo hecho y que tanto daño le hizo a diario, Fabián era un alma libre y como tal debía vivir en su propia libertad, sin semáforos a las seis de la tarde ni nuevo día a las seis de la mañana.

sábado, 12 de junio de 2010

Pequeño ensayo sobre la anhedonia.

Anhedonia, incapacidad para sentir placer, pérdida de satisfacción o interés en casi todas las actividades, generalmente causada por tener que trabajar tantas horas al dia durante toda la vida, o hasta que te jubiles, que al fin y al cabo da lo mismo, las negritas son aporte del autor de ésta proclama, a la definición clínica.

No faltará y con justa razón quienes digan: este tipo se queja y no hace nada por solucionarlo; si no eres parte de la solución eres parte del problema, pamplinas, lectores de "El Secreto", tonterías, lectores de "¿Quién se ha llevado mi queso?", en Lima no existen los secretos y yo me llevé tu queso ¿y?, paparruchadas sin sentido, mis queridos mercachifles del libre albedrío, tetelemeques deepakchoprianos, esas son chuchumecadas de tia, frasesitas hechas al alimón sin conocimiento de causa, ¿porqué estar a favor o en contra?, ¿porqué tomar posición por algo?, ¿porqué no simplemente comprender que la vida es una sola y que perder el tiempo en tomar partido, es morir un poco?, ¿solución o problema?, anhedonia pura y dura.

Desde aquí, reivindico el derecho y el deber de todos a no sentirnos parte de nada, o de lo que simple y llanamente nos dé la gana, hoy, me declaro anhedónico, por convicción y por joder, al fin puedo declararme algo en esta viña del señor, soy feliz (ojo, la definición de anhedonia dice: pérdida de satisfacción en casi todas, mas no en todas las actividades), mi anhedonia me da placer, me hace sentir diferente, quizá un tanto importante, no cualquiera cuenta con un término clínico para reemplazar la vulgar y manoseada ociosidad.

Desde hoy, podré colocar, sin reparo ni verguenza alguna, mi condición anhedónica, en todos y cada uno de los formularios que vengan por llenar: el seguro de vida anual, las historias clínicas, la declaración jurada de impuestos, el registro en aeropuertos... Ocupación: ANHEDÓNICO, anhedónico por convicción.

viernes, 11 de junio de 2010

Mi vida en una canción.

El Oso - Fito Paez.

La canción le pertenece a un músico argentino apellidado Moris, ¿les ha pasado alguna vez que al oír una canción, sólo les queda llorar?, la ha tocado Daniel F, en una versión muy buena, pero ésta, ésta es genial.



Yo vivía en el bosque muy contento,
caminaba, caminaba sin cesar.
Las mañanas y las tardes eran mías,
a la noche me tiraba a descansar.

Pero un día vino el hombre con sus jaulas,
me encerró y me llevó a la ciudad.
En el circo me enseñaron las piruetas,
y así yo perdí mi amada libertad.

"Conformate" me decía un tigre viejo,
"nunca el techo y la comida han de faltar,
sólo exigen que hagamos las piruetas
y a los niños podamos alegrar".

Han pasado cuatro años de esta vida,
con el circo recorrí el mundo así.
Pero nunca pude olvidarme de todo,
de mis bosques, de mis tardes y de mí.

En un pueblito alejado
alguien no cerró el candado
en una noche sin luna
y yo dejé la ciudad.

Ahora piso yo el suelo de mi bosque,
otra vez el verde de la libertad.
Estoy viejo, pero las tardes son mías,
vuelvo al bosque, estoy contento de verdad.

jueves, 10 de junio de 2010

El escritor de suicidios.

Se miró al espejo, entre feliz y asombrado, lo había conseguido, al menos en la facha, su apariencia era la de un escritor, un escritor por fin, un escritor inmerso en brillantes e importantísimos proyectos literarios, que verían la luz tan pronto él lo decidiera, estaba tocado por la gracia.

Llevaba la barba crecida, acusando el mes que pasó lejos de todo, enclaustrado en una habitación de dos por dos, en soledad autoinfligida, en retiro creativo, como solía llamar a sus últimas desapariciones, las que duraban mas de tres días, las otras, eran por puro trago.

Cual dios de las letras, al trigésimo día, decidió descansar, volver a la civilización, mostrar su creación, su obra maestra, la novela que lo llevaría derechito y sin escalas al "Príncipe de Asturias".

Él, era Vargas Llosa, que Vargas Llosa, ni que mula muerta, con el respeto que te mereces Marito, eres latino, yo, universal, de Flaubert no bajaba el puta, se pasó treinta días a punta de pan, doritos, gatorade y con el mismo calzoncillo, mínimo debía tener entre las manos un "Madame Bovary", que si no...

Antes de abandonar su autoexilio, se encargó de concertar vía teléfono celular, y recién prendidito además, una visita al departamento de su primer lector, su amigo de toda la vida, la primera víctima de su afiebrada y novata literatura, el buen Ramirito Lascurain, se jodió el buen Ramiro.

Sin quitarse esa facha, que lo hacía sentir más escritor de lo que jamás podría llegar a ser, se dirigió a casa de Ramiro, y en el camino, no una sino varias dudas empezaron a asaltarlo, quizá debió haber presentado directamente su manuscrito a Alfaguara, a Seix Barral, a Planeta, si lo lee Ramiro, quizá por amistad diga que es bueno y en verdad resulta siendo una buena mierda o peor aun una mierda mala, al hecho pecho, y como quien no quiere la cosa, tocó el timbre, despacito, como si cuanto más quedito apretara menos ruido hiciera, el muy huevón.

Ramiro lo recibió como al amigo famoso que estaba destinado a ser, pase mi querido Nobel dos mil once, adelante a esta humilde morada.

- Sin cacha Ramiro, sin cacha -respondió sonriendo el Nobel dos mil once-
- A ver Ernestito, muéstrame tu bebé.

Ernesto, sacó de la mochila, con sumo cuidado, como si en efecto se tratara de un bebé, el cd que contenía su novela, la que le ayudaría a pagar las cuentas de ahora en adelante, a vivir como siempre había deseado: leyendo, escribiendo, durmiendo, siendo reconocido, nunca se sintió parte de nada, y ésta, ésta era su oportunidad de conseguir al fin su lugar en el mundo.

Doscientas ochentaisiete páginas, en las que hablaba de sucidio, amor, abandono, suicidio, reivindicación, frustraciones, suicidio, desencanto, ilusiones, otra vez suicidio y un final impresionante, de película de Hollywood, con un personaje principal tan esquizoide como tierno, tenía todos los elementos para ser un bestseller, sin la calidad literaria de un Bryce en "La vida exagerada de Martin Romaña", pero era su primera vez, no seamos duros con él, la primera, no siempre duele, pero se aprende.

- Hermano, te luciste -¿comentó Ramiro, al teléfono, una semana después?-

Hermano te luciste, era la única frase que dentro de sus desvaríos, repetía incansablemente Ernesto, al trigésimo segundo día de haber comenzado su retiro creativo, cuando fueron a buscarlo a su habitación, la de la soledad autoinfligida, al no reportarse a trabajar luego de un mes de vacaciones, encontrándosele en estado calamitoso, delgado, deshidratado, temblando en posición fetal y sonriéndole a la nada, con una computadora enfrente en la que resplandecía un solitario párrafo: COMO LA VERÓNICA DE COELHO, HABÍA DECIDIDO MORIR: POR COBARDE, POR PENA, POR FRUSTRACIÓN Y POR INCOMPETENCIA PARA LLEVAR A CABO SU VOCACIÓN. ERNESTO DÁVILA (PREMIO NOBEL 2011).

martes, 8 de junio de 2010

Treinta dias y ochocientas noches.

Llegó el día, nada como la libertad, nada en esta vida como el ansioso ritual de búsqueda y acopio en bolsita de supermercado de tus cosas, desperdigadas por la oficina, una a una, contando las pocas horas que faltan para la ida y sin retorno, al menos hasta dentro de treinta días; libros, discos, algunas revistas, un par de halls, una puntita de pan que alguna vez tuvo jamón, diarios antiguos: ..."tigresa del oriente, el nuevo "boom" en youtube", papeles que creíste perdidos, y cada uno de estos objetos, te llevan a un recuerdo, recuerdos del año que pasó, lento, lento como debe ser el tiempo de espera por algo genial.

Que lo pases super, y el chistecito de marras: mandas fruta jaja...¡carajo!, no me voy a una chacra, y a ti, ni un caramelo monterrico, vieja bruja, claro seño, como no,...hoy, no importa, a palabras necias, ...darles prisa, asi que, run Forest, run, hoy nada empañará mi felicidad, hoy, después de trecientos treintaicinco días vuelvo a ser libre, vuelvo a ser yo, por treinta días solamente, pero yo, y eso me produce placer celestial, orgásmico.

Paso el bendito día mirándome el reloj, ¿cómo carajo puedo estar apelmasado nueve horas al día en esta puta silla?, ¿en qué momento me mudé a Guantánamo y dejé de querer cantar, dejé de querer escribir?, ¿en qué momento me decidí a dejar de vivir?.

Luego de los respectivos ¡muacks! y de los varoniles abrazos y apretones de mano, al fin consigo poner un pie fuera del castillo de la desilusión, dejando a buitres, dragones, brujas y bufones detrás, logro escapar hacia mi libertad, hacia mis treinta días de higiene mental, emocional, ¡ahhh!, salubridad total.

Tomo el taxi y a mayor distancia, sonrisa kolynos, mientras mas lejos, mejor cara, la vida es rosa y los sueños, sueños son y la felicidad a partir de hoy y por decreto dura treinta días.

Treinta días, veré a mis anchas la inauguración del mundial, veré jugar a Argentina que junto al Barcelona es el único fútbol que me gusta ver, dormiré hasta las tres de la tarde, escribiré hasta las tres de la mañana, dormiré de día y viviré de noche, como debe ser, empezaré a contar sicóticamente los días que me quedan por volver a la mazmorra, estaré feliz cada día y más triste mientras más se acerque el volver, volver, vooolveeeer, ranchera de mierda.

Nos regalan treinta días de vida por cada año que morimos encerrados, mal negocio, terrible negocio, la vida o la bolsa, yo escojo la vida, muy pronto escogeré la vida, mientras tanto, a esperar, a seguir soñando, a seguir comprando tinkas, a buscar nuestra oportunidad en esta historia, yo, a seguir contando días, los que me faltan para volver a empezar.


Marito Sinatra.

Llegó como despidiéndose, con un adiós feliz en la sonrisa; eso de que dios aprieta pero no ahorca lo tenía morado desde que vino al mundo, pero al verse de pie ante tanta gente, apuntado al rostro con esas luces potentísimas que le daban calor, lo más parecido al calor de hogar que tuvo en la vida...fue inmensamente feliz, se sentía como su adorado Frank, llevaba un traje negro noche y una camisa impecable que el canal le había conseguido, con un pañuelo rojo en la solapa, esa noche fue Sinatra, Marito para los amigos.

Pisó el escenario con esa desconfianza que te dan setentaitantos años de lucha diaria contra todos los problemas del mundo, para darles lo mejor que podía a quienes a pesar de tanto tiempo y ausencia aun seguía amando, años de lucha diaria que le servían solo para beber ahora, intentando de esa manera olvidar, en cada fondo de los vasos, su vejez y su abandono, aquel que nunca comprendió, y al que lo condenó sin mas explicación que una nota desagradecida y muy hijadeputa, la mujer que tanto amó, llevándose con ella a los dos pequeños que lo adoraban y por los que el hubiese dado la vida entera, por los que dejó de cantar, para dedicarse a labores decentes, total, cantar es de maricones y muertos de hambre, rompiéndose el alma en trabajos que iban quemando a fuego lento su gran voz y sus pulmones...eres un luchador Marito, que jamás nadie diga lo contrario.

Su frágil figura, maltratada por la pena, sus setentaitantos y el alcohol, trastabilló al ingresar al escenario, el que a pesar del adiós feliz en la sonrisa, le parecía hostil y lejano, pero, era al fin, su sueño, el sueño de su vida hecho realidad, si lo hago bien, ellos me verán, vendrán a buscarme, mis pequeños me verán, deben ser ya unos hombrotes ¿podre abrazarlos otra vez?, ¿se acordaran de mi?...y si no me ven...ya ni se acordaran de mi, iba pensando Marito, mientras lo presentaban como "La Voz",... aquella noche, Marito canto para que lo encontraran o mejor aún, para que lo quisieran.

Al verlo entrar tan flaquito y tan perdido, los jueces y el público, pensaron que sería una de tantas performances, de esas que pasan al olvido, o de las que quedan en el recuerdo más por empeño y por coraje, los que a esa edad, se parecen más a la ternura, que por talento y le aplaudieron a rabiar, como si nuestro Marito se fuera a morir en ese mismo instante, y quisieran regalarle su mejor ultimo recuerdo.

Con ustedes Frank Mario Sinatra Acevedo..."La Voz", dijo el presentador, entre descreído y enternecido por la frágil imagen de su presentado, Marito toma el micrófono, gracias, aclara la voz, violines y...

I know I said that I was leaving
But I just couldn't say good-bye
It was only self-deceiving
To walk away from someone who
Means everything in life to you

You learn from every lonely day
I've learned, and I've come back to stay

Let me try again - let me try again...

A media canción todo fue lagrimas, sonrisas, aplausos, amor para el viejo Marito, el que tan esquivo le fue durante años, y que vino a darle alcance en el lugar más inimaginable del universo, un plató de televisión y entre millones de desconocidos que fueron por unos segundos los hijos que nunca vió crecer.

El público seguía con atención y nostalgia de buenos momentos, la voz genial y sublime del gran Marito, pero así como antes de apagarse, las velas nos regalan su más brillante resplandor, Marito brilló como de aquí hasta el sol para irse apagando de a poquitos, junto a sus recuerdos y su pena, tan lejos de casa, soltó el micrófono, dobló las rodillas, cayó al piso, con su adiós feliz en la sonrisa, sintiéndose querido y sabiendo que en algún lugar del mundo, sus pequeños, sus ahora hombrotes sabrían que aquella noche, su padre había cantado para ellos, como cuando hace años antes de dormir.



jueves, 27 de mayo de 2010

Iluminado y agraciadito.

Que días tan geniales son aquellos en los que despiertas iluminado por la gracia divina, y encuentras fácilmente las palabras exactas para cada momento y para cada buen amigo que necesita de una frase que le cuente que todo saldrá bien, aunque no necesariamente vaya a ser de esa manera; fue así como, iluminado y agraciadito, desperté el lunes, un lunes de esos en que amaneces con cara de Oprah Winfrey, y vas por la vida y el día entero con la de Silvia Pinal, con peluca y todo; tanto, que el oráculo de Delfos, termina de cagarse en su vergüenza.

Hermano, se casa en dos semanas, pensé que ya me había pasado, pero no, no puedo, la extraño un culo, la extraño tanto...llanto, pena y el oráculo al rescate, ¿cómo explicarle a un hombre enamorado, que la segunda mujer de su vida (no por falta de amor si no por orden de llegada) se le va? y con toda la razón del mundo, que él está casado y que no puede reclamar nada, que no tiene derecho alguno, que es la ley de la vida, al menos de la vida occidental, una mujer por cada hombre y viceversa, si no a Afganistán hermano, ¿cómo hacerle entender?, gracias al cielo estuve en mi día Silvia Pinal, que si no...

Una frase barata y manoseada, me consagró como el sabelotodo del romance, como el Arjona del mal momento por el que pasaba Gonzalo, mi amigo, el de las dos mujeres con diferencia de tiempo mas no de amor, hijo, el tiempo cura todo, además, uno es feliz cuando ve feliz a la persona que ama, aunque no sea a su lado, perdóname Neruda; me sentí un asco, un autor de fotonovela, el más cursi de la tierra, y contra todo pronóstico, y no se lo digan a nadie, Gonzalo, apoyó su cabeza en mi pecho cambiando el llanto de hace un rato por un grito desgarrador, de película que remató con un gracias mi hermano, tienes razón, si Jesi va a ser feliz, es porque lo merece, aunque no sea conmigo, me duele y como mierda pero se lo merece la chatita...más llanto y más pena, y el oráculo…ya saben.

Diez de la mañana, y aquel lunes para mí, recién empezaba, trataba de concentrarme en mi novela, concentrarme en ordenar las palabras de manera estéticamente irreprochable como para no parar hasta el Nobel, mientras Gonzalo, en su oficina, ya más tranquilo y aceptando estoicamente el fin de su historia de amor, y yo, felicísimo creyéndome la doctora corazón, y en medio de aquel desvarío, el bendito celular sin el que no vivo y que a veces quisiera matar; al teléfono, mi mamá y sus depresiones, hijo me siento triste, hijo no se qué hacer, hijo me siento sola, amo a mi mami pero a veces…igual que al celular.

¿Cómo hacerle entender ahora a una madre que aunque sus hijos estén lejos siempre la van a adorar, que no puede tenernos la vida entera, calentándonos como huevos de granja, que la vida lejos de ellas es un paso, si no el más importante al menos el mejor para nuestra independencia, y todo esto sin herir sus alas de mamá gallina?, gracias al cielo, and again, aquel lunes también amanecí Oprah, así que a darle…

Máma, con tilde en la primera, para darle a la palabra un poco de ternura italiana, máma, ¿sabes que te queremos no?, ya pues máma, no andes triste, tu eres el centro de la familia, si tú te sientes mal, todos nos sentimos mal, te acuerdas de la canción que te canté la primera vez que salí con la guitarra en el cole?, si má, esa, la de Pimpinela...

Madre hoy te recuerdo más que nunca y mi corazón te busca. Madre, te quiero hacer tantas preguntas nada es fácil sin tu ayuda. Madre porque tu vida fue mi vida ese punto de llegada y de partida, no no no... Madre porque serás mientras yo viva el amor que no se olvida. Madre porque a mi lado has sufrido cuando me has visto vencido es tanto lo que yo te debo y nunca te he dicho te quiero. no, no, no....

- Ya, ya hijito, me vas a hacer llorar más, ay hijito, tu, ocupado y yo molestándote, gracias por ser tan buenito, gracias por tener tiempo para tu madre, besos, besos Ernestito, querido...ya me siento mejor, besos hijito...

Máma, ya no al borde de las lágrimas si no sumergida hasta los hombros, colgó el teléfono, creo yo, con el ánimo un poco mejor que como lo había levantado para contarme de sus soledades, total yo, estaba iluminado y agraciadito, y además había sido Joaquín y Lucia Galán, al mismo tiempo y solo para ella. I love you so much mom.

No podía escribir más, tanta buena vibra me había sobrecogido el alma, a la una de la tarde me imaginaba sentado en un trono, departiendo instrucciones sobre el buen vivir al mundo entero, megalomanía le dicen, bajé del trono un rato, guardé en la PC los archivos que estaba utilizando, abrí el messenger para despejar la mente, sin saber que el primer tucutín, sería la continuación de mi coaching gratuito...

Aquel lunes, amanecí Oprah, anduve Silvia, anduve Arjona y Pimpinela pero al final del día me fui a la cama bien Ernesto, eso sí cansadísimo, pero feliz por la labor cumplida, que días para geniales, aquellos en los que despiertas iluminado y agraciadito.

lunes, 24 de mayo de 2010

De conformismos y mediocridades.

Trabajo en un lugar gris, sin espacio para la imaginación, rodeado de rejas y de rajes, repleto de conformismo y comentarios a media voz, voy a diario a una cárcel, no tan mal pagada, pero cárcel al fin, y sobre todo al cabo y a las ocho en punto, no por voluntad, pero todas las mañanas.

Entierro mis sueños, diez horas al día, en una oficina pestilente a cambio de un cheque a fin de mes, con pago de horas extras, las que, juntando a todas las del mundo, no valdrían lo que sí, la libertad, libertad que solo valoras cuando te es ajena, cuando ya no la tienes, cuando la ves pasar de lejos, como a novia que ha dejado de quererte, encarnada en un paseo mascota - dueño un lunes a las diez de la mañana.

No me desnudo, sí me prostituyo, con saco y corbata y de la peor manera, sin necesidad apremiante, y solo por llevar una vida "normal", en la que todo marcha lento, rumbo al cadalso, que es como a los sesenta, y luego a casa, a descansar, llevando a cuestas los achaques y los sueños de lo que pudo ser una mejor historia.

Trabajo en un lugar que me jala a la pena, que me lleva a la tristeza, que me deprime, de tanto no pensar, y no renuncio, por plata, y por puta, por extraña comodidad, porque no soportaría la vida sin taxis, sin funciones de cine, sin teatro, sin viajes, sin tarjetas de crédito, sin celular.

Jamás pensé vender la vida, ser un mercenario, un ganapán de esos que tanto odié de chico, cuando el futuro parecía comprado y los días pasaban tan sencillos que invitaban a soñar con los ojos abiertos frente al libro del curso más difícil del mundo.

Me gano la vida, ya ni se de que (Armando Masse dixit), y el lugar al que voy cada mañana, tiene el maldito talento de robar el alma, y contra eso, sueños, contra eso música, contra eso libros.

No sé si nunca sea tarde, tampoco si valga más, tarde que nunca, por si las dudas decidí escribir, como recuperando un poco la libertad, creando un propio mundo, para escapar de esta puta competencia en que han convertido a la vida, para no huir de mis fantasmas, para darle cara al conformismo, a la mediocridad que abunda como mierda en silo.

Cambié todo lo que alguna vez quise, por todo lo que tuve que hacer, por no ser valiente, por creer en eso de la cronología del éxito: colegio, universidad, ICPNA, practicas pre, planilla, auto, depa, matrimonio, hijos, y a envejecer feliz: a estas alturas sin ser demasiado tarde, ¿por qué no: colegio, talleres de redacción, lectura a morir, banda de rock, taxis, mi novia, hijos (quizá), viajes, novelas, amor, sueño, tardes de lunes (o cuando nos venga en gana) frente al mar con baladas en inglés?...I am a man who will fight for my honor.

jueves, 20 de mayo de 2010

A mi.

Algunas veces, viene bien mirar atrás, retroceder imaginariamente el tiempo, como para tomar impulso, como para saltar más lejos, a pesar que muchas de las veces, este acto kamikaze cueste caro, como cuando sometemos a juicio del tiempo aquellos momentos que dan vueltas en la memoria como buenos recuerdos, resultando ser una suma de hechos, buenos al ser vividos, pero que hoy, en perspectiva resultan en mini fracasos, chiquitos, pero que friegan, no llores sobre la leche derramada, decía mi abuela, y a pesar que ya no está, la oigo cada vez que me atrevo a voltear la mirada para evaluar el pasado, grande Luchita, tuviste razón, pero igual me jode que se derrame la leche, no lloro pero jode.

En ocasiones y quizá igual que muchos, pienso en aquellas pequeñas cosas que pudieron hacer la diferencia, una vuelta hacia otra esquina, despertar cinco minutos antes o quizá diez después, prestarle mas atención a uno de los tantos cursos de números en la universidad, intentar pasar el mismo con algo más de once, besar mas a mi novia, intuir las veces en que quiso ser mas oída que besada, robarle más horas al día, darme más horas de sueño, aprender a decir no, decir si, un millón de veces.

Ser capaz de percibir el momento adecuado de la prudencia y de los miles de instantes de arrebato que debiéramos tener, creo, es el secreto para cambiarle la cara a toda esta seguidilla de días idénticos, que por aburridos se tornan invivibles, asfixiantes, despreciables.

Amen, toquen, bailen, tiren, lloren, griten, abracen, mientan, creen historias, fantaseen con sus vidas, canten frente al espejo, salgan a comprar en medias, duerman de día, de noche se vive mejor, falten al trabajo, empecemos la revolución.

Algunas veces viene bien mirar atrás, pero es mejor no arrepentirse, pero no arrepentirse no porque no debamos, si no porque no nos da la gana, porque no hay nada porque hacerlo, vive la vida y no dejes que la vida te viva…dice la gran Susy.

martes, 18 de mayo de 2010

Emancipación laboral o el porqué no ir a trabajar.

Lunes, seis de la mañana, luego de un fin de semana que se hace corto, y mientras mejor lo pases más corto se hace el muy maldito, me encuentro ante el dilema de toda mi vida laboral, seis años haciéndome la misma pregunta, trescientos lunes de mi vida preguntándome la misma bobada, ¿renuncio o sigo adelante y a ver qué pasa?, de esos trescientos lunes, casi veinticinco mi respuesta ha sido tibia, término medio, mariconada total: hoy no voy a trabajar, que, dicho con convicción, fuerza, y coraje, más un carajo al final de la frase, hoy no voy a trabajar carajo, es lo más cerca que he estado de revelarme ante el statu quo que tanto detesto.

No ir a trabajar es una mini emancipación, un viaje como de fin de semana largo hacia tus placeres, puedes hacer con tu tiempo lo que te venga en gana, total el bendito certificado médico te avala, puedes leer, escribir, apoltronarte frente a la tele y ver las novelas más idiotas del mundo, nadie jode, andar en pijama el día entero sabiendo que todo esto sabrá mucho mejor porque no es un día cualquiera, es un día laborable , no un domingo que te regalan por trabajar como una mula, a veces seis días a la semana, este tiempo libre auto infligido, sabe mejor por ser tiempo que le robas a la empresa que te roba la vida, así que ladrón que roba a ladrón, parchís, y que viva Robín Hood.

No ir a trabajar es urdir una pequeña venganza, contra el encargado de la oficina, no jefe, para jefes los Apaches, esos sí que no se amariconaban ante nada, es una pequeña venganza contra los compañeros de labor, los que no trabajan a la par y a los cuales terminas haciéndoles el trabajo , pequeña venganza contra los que llegan tarde y les llega al pincho, o a la teta, pequeña venganza contra los que están ahí de favor, y sobre todo contra los que siempre tienen en la punta de la lengua y sin el mas mínimo discernimiento un si jefe, un claro jefe , un como usted diga jefe.

No ir a trabajar es nivelar de alguna extraña manera la plusvalía que genera tu trabajo, es gritar al viento, no pertenezco a una empresa, me pertenezco a mí mismo, aunque sea por los días que indica el doctor que para efectos de una real sublevación debe ser amigo de la casa para colocar en el dichoso papelito, la enfermedad que le dictas por teléfono, y por dos días por favor.

No ir a trabajar es reivindicar las camas, las adoradas camas, esas amantes de fin de semana que se sienten desplazadas, cambiadas, maltratadas, seguramente hasta humilladas, por las veces en que faltándole el respeto, salimos disparados hacia al trabajo, dejándolas alborotadas y sin derecho a réplica. Por eso hoy desayuno en la cama, libros en la cama, tele en la cama, Messenger en la cama, almuerzo en la cama, hoy junto a ti el día entero mí adorada cama.

No ir a trabajar es crear un mundo paralelo, propio, donde lo que realmente queremos es lo que realmente pasa, es manejar el reloj, es alimentar el alma, es no pertenecer a un lugar que nos corrompe y nos amanceba el carácter, es ser nosotros, es ser corta pero verdaderamente felices, es nuestro pequeño Chicago, aquel de la lucha por las ocho horas.

Empecé a faltar al trabajo, cuando caí en cuenta que el mundo no era la colina de Poni, cuando supe que las palabras de “Habla el Pueblo”, lucha, estudia, trabaja…eran patrañas, que aunque don Ramón fuera el hombre más bueno del mundo y vendiera todos los churros de doña Florinda, jamás tendría para un viaje a Acapulco, que el mundo era de Quico, y se acabó

miércoles, 12 de mayo de 2010

Mi canción feliz.

My Girl - Temptations



Todos tenemos alguna canción feliz, esta es la mia, la encontré hace mucho tiempo pero hoy la reconozco y la asumo como MI canción feliz.

viernes, 30 de abril de 2010

Confesiones de otoño

Hace días no consigo dormir, creo que buscando la gloria, leyendo y releyendo a mis autores favoritos, a los que no conocía, a los recomendados, a los sin querer hallados, buscando entre sus frases, la inspiración divina de crear un buen texto, (o una novela, con suerte y de un tirón) del cual sentirme orgulloso y que quiebre la anchísima barrera entre mi escritor aspirante, y el que anhelo ser.

Hace días no consigo dormir y ando con ojeras de campeonato, durmiendo mal y poco, tratando de meterme en la piel de Bryce o Wilde, a ver si me contagian algo de genialidad, invocando a los espíritus de Joyce, Sthendal, del mismísimo Roberto Bolaño, (gracias Jaime por el libro), tomando jugo y no whisky, por abstemio y por las dudas siempre en vaso, para encontrar la inspiración en el fondo.

Hace días no consigo dormir, tratando de escribir mi propio "Un mundo para Julius", mi propio "Fantasma de Canterville", mi propio "Ulises", y me paso horas enteras con la pantalla en blanco, sin conseguirlo, dando fin a mis insomnios con boleros cantineros frente al espejo y con guitarra en mano, y mozo sírvame la copa rota...sírvame que me destroza esta fiebre de obsesión.

Hace días no consigo dormir, leyendo biografías de escritores famosos, queriendo encontrarme en alguna imagen de sus inicios, de sus frustraciones, de sus fracasos, para darme fuerza y seguir en esta lucha por el reconocimiento que no pensé sería tan dura, y que a pesar de todo me viene bien.

Hace días no consigo dormir, escribiendo obras maestras, que en segundos mutan a bodrios impertinentes, impublicables, ilegibles, totalmente deshechables, que me hacen dudar, como tantas veces, de la que pienso y siento es mi real vocación, la de escritor, quizá solo sea un entusiasta y aplicado lector, y no haya nada mas allá de eso para mí.

Hace días no consigo dormir, envuelto en un afán suicida por combinar palabras en sincronía perfecta que me permitan dar a luz, la novela con la que todo aspirante a escritor sueña, respetada como una de Borges, vendida como una de Brown.

Hace días no consigo dormir, pensando en el futuro, a veces con alegría, la mayoría con miedo, con ansiedad, con horror al fracaso, sintiéndome un poco mas viejo como para encontrar una tardía vocacion, quiza inexistente. Vete al carajo, diría mi yo niño a mi yo adulto, quise ser músico, chofer de bus interprovincial, escritor, probador de colchones, mendigo, millonario, todo menos esto, y además con corbata, imbécil, asi terminaría su lapidación moral...estoy de acuerdo.

Hace días no consigo dormir, y me cuesta levantarme cada vez mas, sin sentirme Gregorio Samsa, Martín Romaña, o lo que es peor Erick Mavila, hace dias no consigo dormir, buscando la gloria, aunque sea un segundo, aunque sea prestada, aunque nunca llegue a ser mia.

jueves, 15 de abril de 2010

Sueño de una noche de aeropuerto.

Me quedé sólo, mirando al cielo, hasta que volviera. Serían un millón de aviones, los que tendría que esperar hasta volver a verla, sentado al pie de los gigantescos ventanales (que así prometí esperarla, contra su voluntad, pero en favor de mi nostalgia) de aquel aeropuerto cálido en abrazos y sonrisas de gente que ya había llorado sus propias distancias, y que no alcanzaba a consolarme.

Empecé a odiar al mundo por ser tan ancho y sobre todo tan ajeno, empecé a odiarme por no poder renunciar a todo lo que me ataba a esta ciudad, mas de mierda que nunca, y a odiar a los gloriosísimos Estados Unidos de Norteamérica, por llevársela, por lejano y desarrollado, por rico y de primer mundo, y también al Perú pero por todo lo contrario.


Pasé los últimos tres meses, antes de su partida tratando de convencerme de que un año era poco, de tranformarlo a segundos, para que fueran terminando más rapido, para hacer la espera más corta, para...ya no importa, se había ido y eso era todo en aquel aeropuerto inmensisimo, su ausencia.

Siempre pensé poder manejar mejor mi tristeza, a pesar de haber sido criado entre las mujeres más buenas, y más sensibles, y más inteligentes y más amantes de novelas made in Televisa del universo entero, pero en situaciones extremas, como cuando el amor de la vida toma un avión y se aleja de uno, es cuando te das cuenta de qué estas hecho, y aquella vez descubrí mi materia prima, pura menudencia, plumas de ganso (y no por lo fino) y un bacín para empozar las lágrimas.



Regresé mis pasos rumbo a la salida como queriendo huir, olvidando mi promesa, no soportaba ni un segundo más viendo el mismo corredor por el que la ví partir y darme su última sonrisa, la más triste de mi vida. Me sentí desorientado, como inconciente, y si alguien me cuenta que anduve desmayado por la vida un año entero, lo creo.

Durante los últimos siete años, antes de la vez en el aeropuerto, anduve feliz y de la mano para todos lados con Ximena, iba a ser muy difícil mantener ahora, el equilibrio fisico y sentimental de mi cuerpo al caminar solo, era un adicto, convicto y confeso a sus manos, las que al tomar las mías, las endulzaba hasta volverlas en manitas.

Cuando logré arrancar mis ojos, de todo lo que me recordaba el segundo antes de su partida, tomé por asalto la calle y caminé como desquiciado por plazas y parques, jirones y avenidas, sin saber la hora, sin recordar desayuno, almuerzo o cena, no se cuánto tiempo estuve así, ni cuanto iba a durarme, quizá un año, quizá...

Me despertó el timbre del celular, eran las seis de la mañana, hola amor, ¿como amaneciste?, ¿me acompañas a la embajada?, hoy es mi entrevista, ¿te acuerdas?...Ernesto, Ernesto, amor ¿estas ahi?, Ern...en ese instante morí por darle un beso, por abrazarla, por contarle lo mal que uno la pasa lejos de ella, pero soporté el llanto, como alistándome para mi sueño, para lo que iba a pasarme, cuando ya no estuviera cerca.

lunes, 12 de abril de 2010

Acerca de un amor que dejó de andar.

Um dia de domingo - Gal costa & Tim maia
.
Leer, escuchando la canción.


Jesica y Gonzalo, fueron amigos cinco años antes de aquel primer beso y de aquel amor tardío que los asaltó de la forma mas natural e inocente para alegrarles y joderles la vida al mismo tiempo.

Hoy entiendo su historia como un error en el tiempo de arribo, como en los aeropuertos, cuando un avión con retraso te cambia el destino
inmediato, sin tener jamás la oportunidad de saber si fue para bien o para mal.

El de Jesica y Gonzalo fue un amor de esos que no son imposibles pero si impensables, y de esa forma, tal como empezó, pretendieron terminarlo, sin cálculos malidicentes y con todo el amor del mundo, para no dañar a quienes los amaban y a los que de alguna extraña manera, ellos tambien querían.
Siempre fue un amor de cuatro del que solo supieron ellos dos.

Jesica había postergado ya incontables veces el matrimonio que encajaba a la perfección en su plan de vida hasta antes del primer beso que desencadenó toda esta historia, quizá con la absurda, pero enamoradísima idea que Gonzalo en nombre del gran amor que sentia por ella, abandonaría a su mujer, y al sentirse respaldada por esta muestra de amor infinito, poder encontrar el valor que tanta falta le hacía para enfrentar a Hector, su novio, y contarle que ya no soñaba con él, que hace un año hacía el amor con Gonzalo y que deseaba que fuera asi para siempre.

Del lado de Gonzalo, que fue del que más cerca estuve, puedo contarles que, sí, efectivamente amaba a Jesica y hasta las lágrimas, cuando pensaba en las veces en que acabándosele las excusas, Jesica debia ceder a los pedidos sexuales de Hector, al que aún queria pero con el que sus cada vez mas esporádicos escarceos carnales, le hacían pensar en los brazos de Gonzalo, y como a toda historia de amor,
a ésta tampoco podía faltarle la complicación, Gonzalo amaba también a Valeria, su mujer, con la que habían sido novios desde niños y como comprenderán era muy difícil borrar algo así de un plumazo, por mas amor que este traiga consigo, además en su propia balanza amorosa, sus hijos eran el peso determinante en el resultado final.

Aquél último día, que así eligieron despedirse, guardándose como un buen recuerdo, se citaron en el hotel de siempre, Jesica llegó primero, como de costumbre y esperó a Gonzalo dentro de la habitación, también de siempre, la quinientos seis, por favor. Diez minutos después llegó Gonzalo, tomó el ascensor, se aproximó a la habitación, y encontró la puerta sin pestillo, la luz a medias y a Jesica sentada
al pie de la cama con lo que parecía ser un parte de matrimonio, entre las manos.

-Me caso en dos meses - comentó Jesica con la voz mas triste del mundo-.

Gonzalo, quien sabía que en algún momento irremediablemente, esto pasaría, aún no estaba listo para toda la descarga de angustia y pena, mezclada con rabia e impotencia que dicha afirmación, estaba seguro, causaría en el resto de los dias que vendrían sin ella, solo atinó a sentarse a su lado, tomó el parte y leyó mil veces los nombres de los novios esperando en una de tantas encontrar el suyo escrito en lugar del de Héctor.

Ambos quedaron en silencio por mucho más tiempo del que hubieran querido, ninguno de los dos deseaba realmente que esto terminara, a pesar de mirarse como despidiéndose. En un acto reflejo dictado por fuerzas ajenas a ambos empezaron a desvestirse pero sin la pasión que caracterizaba sus encuentros furtivos, si no con todo el amor y la ternura del mundo como si tuvieran toda una vida para contemplarse, besaron delicadamente cada rincón del cuerpo del otro que ambos conocían a la perfección, como queriendo guardarse en la memoria, tal y como deben ser todas las ultimas veces de nuestras vidas, con la calma y el detenimiento que nos merece aquello que
nos ha dado tanto y que probablemente jamás volvamos a ver.

Tendidos en el piso de la habitación que antes les habia parecido tan grande y tan pequeña ahora como para esconderse el resto de la vida, les cayó la noche y los minutos finales de su historia juntos, no cruzaron palabra en todo el dia, solo miradas, caricias y algunos besos y algunas lágrimas.

Aun desnudos Jesica y Gonzalo se fundieron en un último abrazo, que de preguntarles hoy quizá dirían que duró para siempre, cubrieron sus cuerpos con la ropa que tantos recuerdos les traeria luego, para empezar la real despedida.

Dejaron la habitación un lunes once de marzo, al bordear las diez de la noche, la boda de Jesica será en junio de este año, al escribir esto faltan dos meses para que la historia termine realmente, se que podrían pensar (y con toda la razón del mundo)que ambos están dañando a las personas que amaron primero, pero no he pretendido juzgar la historia simplemente contarla, tal y como llegó a mí...como en los aeropuertos cuando un avión con retraso te cambia el destino inmediato, sin tener jamás la oportunidad de saber si fue para bien o para mal.